lunes, junio 11, 2018

EL HOMBRE AFORTUNADO


Llevaba un hacha en la mano, estaba decidido a hacerlo, las venas resaltadas en su brazo hacían notar su furia. Caminó hasta la puerta del cobertizo, el silencio se había hecho presente.

— ¡Se que están ahí, puedo sentir su respiración de miedo par de ratas despreciables! —dijo Joseph con rabia.
Desde adentro se escucho un clic, Joseph sabía lo que ese ruido significaba.
— ¡Maldita sea!  —Joseph se tiró al suelo, luego una descarga de balas desde adentro— ¿Así que aún tienen balas, par de miserables?
—Claro, imbécil, no las gastamos todas en las putas de tu esposa e hija, Te dejaremos igual. —dijo uno de los delincuentes.

 Joseph se incorporó del piso, tomó de nuevo el hacha y cubriéndose un poco comenzó a romper la puerta con ella, dio uno, dos machetazos, al intentar dar el tercero, detrás de él se escuchó una voz.

— Suelte el arma y tírese al piso, soy la policía.


Joseph miró hacia atrás, al ver que efectivamente era la policía arrojó el hacha  y se puso boca abajo con las manos en la nuca. Al momento de ser esposado tuvo a bien decir.

—Allí dentro están los infelices hijos de puta que han matado a mi esposa e hija. 
— ¿Quién es su esposa?
—La señora Alicia de Cifuentes.
—Imposible, ella fue quien nos llamó, ¿quién es usted?
—Joseph Cifuentes, su esposo.
—Voy a creerle así que no se mueva, iré a revisar. Si intenta huir le disparó. —dijo el policía.

El policía se dispuso a revisar, tomó el hacha para romper la puerta y entrar, rompió la puerta, sacó de nuevo su linterna y pistola. Al entrar vio al par de delincuentes, que de inmediato empezaron a dispararle haciéndolo resguardar.

— ¡Hijos de su…! Debo pedir refuerzos.

Tras haber pedido refuerzos y luego de un intercambio de balas con los delincuentes, los mismos fueron apresados.  Joseph fue acompañado por el policía dentro de su casa, allí estaba su esposa con un golpe en la cabeza pero nada de consideración, Joseph corrió a abrazarla, no podía creer lo que veía.

— ¡Alicia! ¿Estás bien? —Revisó su cuerpo— Creí, creí que…
— Calma solo fue un golpe en la cabeza, esos desgraciados nos golpearon a tu hija y a mí. —Respondió la esposa.
— Esos malditos me dijeron que las habían matado. ¿Dónde está mari?
—Está siendo atendida en la ambulancia, será llevada al hospital, recibió un impacto de bala —Respondió Alicia.
— ¿Qué? ¿Mari está bien?
— Si, tranquilo al parecer no fue tan grave.
El policía pide en ese momento a la esposa de Joseph su declaración.
—Dígame ¿Recuerda como fueron los hechos?
— Recuerdo que estábamos mi hija y yo aquí en la sala, escuchamos ruidos en la puerta como si la quisieran abrir, pensamos que era mi esposo así que no le prestamos atención total si era él entraría abriendo con sus llaves, vimos que no entraba. Pocos minutos después se volvió a escuchar el mismo ruido en la puerta, mi hija se acercó a la puerta, tuvo a mal abrir. Le dije que no abriera, necia no me hizo caso, de repente solo vi que empujaron la puerta junto con ella entrando dos hombres encapuchados, nos amagaron con sus armas pidiéndonos el dinero, nos negamos a dárselo. En ese momento llegó mi marido en su automóvil, los delincuentes escucharon, se pusieron nerviosos y a uno se les disparó el arma acertando en el pecho de mari, huyendo por la parte de atrás.

— ¿En ese momento qué hizo usted? —Preguntó el policía.

  —No pude hacer nada, nos golpearon en la cabeza para que no gritaramos. Creo que cuando entraste a la casa  —Dirigiéndose a  Joseph—, nos viste en el piso con sangre y lo primero que hiciste fue correr tras ellos.   Poco después recuperé el conocimiento y llame a emergencias.
—Usted es un hombre afortunado —dijo el policía a Joseph—, a pesar de que se metieron a intentar robar en su casa no pudieron hacerlo y aun el hecho de que su esposa e hija estaban solas, salvo la herida de su hija ambas están con vida y sobre todo usted que con una simple hacha se enfrento a ellos.
— Gracias oficial, por el elogio solo hice lo que cualquier hombre de la casa debería hacer por su familia, y sin ser grosero no cree que deberíamos estar con mi hija en el hospital y no aquí perdiendo el tiempo.  —Exclamó Joseph.
— Comprendo su preocupación, según el reporte de los paramédicos le aseguro que su hija no corre peligro, la bala a pesar de que se incrusto cerca del corazón no perforo el órgano vital.
 —Si quieren los puedo escoltar  hasta el hospital donde fue llevada.
—Se lo agradeceríamos. —Contestaron Joseph y su esposa.

Los tres salieron de la casa y se subieron en sus respectivos vehículos rumbo al hospital.

4 comentarios:

  1. Hola muy buen relato, debo admitir que me engañaste con ese inicio.
    Saludos.

    Ps: vengo de literautas.

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    1. Hola, Danregret gracias por tu visita. Serias tan amable de publicar el link de tu relato para comentarlo.

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  2. Me gusto la historia y describes muy bien las cosas. No soy una experta pero me gusto mucho.

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    1. Muchas gracias Biviana aprecio mucho tu comentario.

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Gracias por pasar por mi blog y dejar tu comentario.