viernes, febrero 17, 2017

El SECRETO


PRIMERA PARTE

Han pasado ya doce días desde que Alison dejó de asistir a sus clases  de tango. Son más de las once de la mañana y ella aún no ha despertado.  La habitación que le renta  una viuda es todo un desastre, como si de las labores de limpieza se hubiese olvidado; ropa sucia, colillas de cigarros, un frasco quebrado, botellas vacías de cerveza; cáscaras de naranja, papeles y demás están tiradas por doquier; inclusive  la sobra de aquella manzana que hace un par de días se comió y que sin miramiento tiró al piso, ahora un roedor se la lleva a  su escondite.


Su celular comienza a sonar,  Alison  medio despierta observa la pantalla, y lee en silencio el nombre de “Susana”,  su mejor amiga, aun así decide no contestarle y  deja que siga sonando.  Tras unos minutos se incorpora de la cama,  recuerda que tiene algo que hacer muy a pesar de su apatía; busca entre la ropa tirada algo que ponerse, encuentra unos pantalones de mezclilla y una blusa; se quita la playera larga que  trae puesta, se viste con lo que ha encontrado en el piso; medio se peina con las manos el cabello. Sale a toda prisa de su apartamento, baja por la escalera del edificio, al llegar a la entrada principal se encuentra a Susana,  intenta regresar pero ya es demasiado tarde, le ha visto.


– ¡Alison!, estaba a punto de subir a verte, te he estado llamando toda la mañana ¿Por qué no me contestabas? Y peor aún, ya no has ido a las clases.


—No he podido ir… No me he sentido bien últimamente. —Alison intenta evitar la mirada de Susana.


—Ni que lo digas, te ves fatal. Todos en la academia preguntan por ti, incluso Juan.  —Alison hace una expresión de asombro—. ¿Qué pasa mujer? Parece que te sorprende que haya dicho eso.


—Es raro que él siendo tu novio se preocupe por mí.


— ¡Que tonta eres!, claro que se preocupa por ti, no solo eres su alumna eres mi mejor amiga, aunque ya lo estoy dudando, a una amiga no se le deja sin hablarle por mucho tiempo.  


—Es que yo… Sabes tengo un poco de prisa, hablamos luego ¿Si? —Alison quiere irse antes de que le note más lo nerviosa que está.


— ¿A dónde tienes que ir?  Vamos juntas,  así te cuento de lo que me entere de parte de unas envidiosas de la clase.


— ¿Qué cosa? —pregunta Alison.


—Cómo tienen envidia de mi relación con Juan, se inventaron un chisme diciendo que él me engañaba con una de ellas.


— ¡No creas nada de lo que te digan!


— Claro que no lo creí, mira, te tengo un secreto, estoy embarazada. Vamos a hacer padres; hasta él me regaló este talismán para saber si será niño o niña.  ¡Creo que nos vamos a casar!


— ¿Embarazada?  —Alison se toca el vientre.


—Así es. ¿Tú también lo estás?


— ¡Eh!, no… —Alison baja su mano rápidamente.


— Te acabas de tocar el vientre.


Alison baja su mirada ante la aseveración de Susana.


  — Conmigo no puedes mentir, somos amigas desde hace muchos años y sé lo que te pasa, así que cuéntame ¿Quién es el padre?


Alison palidece ante la pregunta, comienza a sudar frío.


— No lo conoces, hace  poco tiempo que tengo una relación con él.


—Que calladito te lo tenías. Ni eso me contaste.


—Lo siento; pero...


— ¿No me digas que es casado?


—No, aún, pero si está en otra relación con una mujer desde hace mucho.


— ¡Alison!, no creí eso de ti.


—Yo menos.


— ¿Por eso estas así?


—Me siento mal por eso.


—Ya, mujer, no eres ni la primera ni la última en que hace eso.  Subamos a tu casa y hagamos una alianza para terminar con los chismes que traen con Juan y conmigo.


—En verdad no puedo, tengo que ir a terminar todo de una vez.


— ¡Que cosas dices! ¿Por qué quieres terminar tu relación?


— Estamos engañando a esa persona.


—Exageras, de seguro es una tipa sin chiste que ni le ha de convenir. Si es guapo, yo en tu lugar seguiría con él.


— ¿Si fueras tú quien estuviera siendo engañada o que Juan te engañara pensarías lo mismo?


—Creo que no.


— ¿Ahora me entiendes?, Me gustaría seguir platicando contigo; pero debo irme.  —Alison se despide de Susana con un abrazo—.  Lamento todo lo ocurrido,  juro que no fue mi intención.



—Va, no te preocupes, entiendo que no querías contestar el teléfono. 

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