jueves, noviembre 03, 2016

LA DEUDA


El teléfono comenzó a sonar de madrugada, rápido fue descolgada la bocina del teléfono, la llamada era muy importante para Alfredo.

—Tienes veinticuatro horas para darme mi “billete”. Te estaré hablando  durante el trascurso del día para decirte donde lo quiero.   —dijo una voz misteriosa del otro lado de la línea. 
—No, dame más tiempo, tú sabes si que te voy a pagar.
—Veinticuatro horas o todos sabrán tu secreto, incluyendo tu querida noviecita.
—Haré lo que me pides pero no le cuentes nada a ella. —Alfredo se alarma un poco.

La llamada es cortada por la voz del otro lado de la línea. Alfredo esta perdido no tiene el dinero y sobre todo pueden descubrir su secreto.



—« ¿De dónde voy a sacar cien mil pesos? ¡Robar un banco! No sería mala idea; pero ¿yo solo? No tengo nada que perder o todo me sale mal en el asalto y mi novia se entera de mi secreto o simplemente le pago su dinero al “Greñas” y asunto terminado.»

 Alfredo decidió seguir durmiendo un par de horas más, sus nervios se habían tranquilizado tras idear un plan para pagar su deuda.  Darían las once de la mañana cuando Alfredo salió de su casa, llevaba puesto un pantalón y una sudadera negra, una gorra y lentes oscuro y tenis cómodos. Se dirigió a una colonia apartada de la suya en autobús, se bajo y luego camino varias cuadras hasta llegar encontrarse con un banco. Se detuvo a varios metros y hay estuvo un rato observando la entrada y salida de gente del banco.

Dispuesto estaba a caminar directamente a la entrada del banco cuando su teléfono celular suena. Saca el teléfono de su bolsillo del pantalón y observa que la llamada es del “Greñas”. Contestando la llamada.

—Tienes dieciséis horas para darme mi feria, y espera  mi siguiente llamada.

La llamada es colgada, Alfredo guarda su teléfono y vuelve a esperar para entrar al banco, la llamada lo había sacado de concentración.  
Decidió a robar por fin el banco, camino en dirección contraria a  la que tenía que ir para llegar al banco, su intención era rodear la cuadra y llegar por otro lado.  Llego a la entrada, sin guardas a la vista, entro, saco el arma que llevaba enfundada en la parte trasera de su pantalón y empezó a amenazar a todo el mundo con el arma.

—Todos al piso, esto es un asalto, nadie se mueva.

La gente asustada de inmediato obedeció tirándose al suelo. Alfredo camino hasta las cajas, amenazo con el arma a una de las cajeras.

— ¡Dame todo el dinero que tengas en la caja!
—Sí señor. —Dijo la cajera con voz entre cortada por el miedo.
— ¡Mueve esas manitas, muñequita!

Alfredo voltea hacia con la gente que está en el piso y a la entrada del banco para ver si no se haya movido nadie o vea venir a la policía.

—Los estoy vigilando, no quiero que nadie se mueva. —los vuelve a amenazar con el arma.

La cajera le da todo el dinero de la caja y este se lo esconde en las bolsas de su pantalón y sale corriendo del banco, dejando a todos en el suelo y asustados. Alfredo tras a ver escapado del lugar se escondió y se quito lo que llevaba encima; su sudadera, su pantalón; la gorra, los lentes, guardando el billete en la ropa que traía debajo.

Al llegar a  casa contó el dinero, más de doscientos mil había robado.

—Con esto le pago al “Greñas” y me sobra.
Por la tarde su teléfono volvió a sonar, era el “Greñas” nuevamente. 

—Tienes diez horas para darme mi dinero, sino ya sabes.
—Ya tengo tu dinero. Cuando quieras y donde quieras te lo doy.
— ¿Tan rápido? ¿Robaste un banco o qué?
— ¡Tengo mis mañas!
—Te espero en dos horas en el barrio de la merced, cerca del banco que esta a unas cuadras de ahí.

Alfredo se quedo asombrado pues ese era el mismo banco que había asaltado, sabía que la policía aun estaría investigando la zona.

— No, en ese lugar no.
— Sera donde yo diga y te callas. Ya lo sabes en dos horas.

Sin más remedio que volver a ir casi al mismo lugar donde había robado el banco a Alfredo no le gustaba la idea, pero tenía que pagar la deuda. Partió nuevamente rumbo al barrio de la merced. Al llegar con el “Greñas”  su comportamiento era raro.

— ¿Traes mi dinero? —pregunto el greñas.
—Claro, cien mil como quedamos. Tómalos que debo irme ya,
—tranquilo, ya me pagaste tu novia ya no se va a enterar de nada. Tomate unas cervezas. 
—Solo una, llevo prisa.
— Tú esas muy nervioso de seguro robaste un banco para pagarme, no te conociera. Serias muy estúpido si hayas asaltado el que está por aquí cerca.
— ¿Cómo crees?
—Por cierto, si lo asaltaron al medio día y tu andas muy nervioso. Si fuiste tú, ¿verdad?
—Aquí nadie me conoce.
— ¡Que chingon me saliste! Que me chinguen a mi o uno de los míos. ¿No? Si se aparece por aquí la policía, te hecho de cabeza.

Como voz de profeta, la policía llego sin hacer ruido rodeando todo el lugar, dejando sin escape a ambos. Las policías golpearon a la puerta.

—Abran, es la policía, están rodeados.
—Ya lo vez,  por tu culpa ya nos cayo la policía.
— Pero nadie me reconoció.
—No, pero si sospechan de nosotros pues somos los que seguido delinquimos, tú qué, no vives por aquí. Ni modo tú te enjaretaste  el robo y yo nada tengo que ver.
—Tenía que pagarte lo que te debía.
—Ese no es mi problema. Hubieras robado otro banco.

La policía entra tumbando la puerta.

—Nadie se mueve, que dan arrestados.  Ambos son esposados y llevados a prisión.  Durante el juicio se determina que, Román Gutiérrez alias el “Greñas”  no participo en el asalto. Y quedo libre.

Días después la novia de Alfredo lo visita en el penal.

—Me entere que robaste un banco, no entiendo ¿Para qué lo hiciste?
—Tenía que pagarle una deuda al, greñas.
— ¿Qué deuda?
—No es deuda en sí, pero es algo que no te puedo decir.
— ¿Aun peor que robar un banco?
—Es un secreto.
— Con el tienes secretos… ¡Vaya!
—Si no le pagaba, nuestra relación terminaba.
— ¿Tu secreto tiene que ver conmigo?
— Si.
—Explícame que no estoy entendiendo.
 —No, ya no vale explicarte.
—Si no me dices no vendré mas a visitarte.
—Menos vendrás si te digo la verdad.
—Esto ya no me está gustando. Yo no sé qué clase de secreto te obligo a robar un banco; pero si no me lo dices mejor me marcho. —Se pone de pie—. Guardia…
—No espera. —Alfredo la toma de la mano—. Te lo voy a decir, igual ya estoy encerrado. ¿Recuerdas el día que te pedí matrimonio y te di este anillo?
—Sí.
—para conseguirlo tuve que robar…
—Debí imaginarlo. ¿Ese es el gran secreto?
—No, como no tenía dinero para comprarlo,robe una tienda de por ahí, cerca de la cuadra. Y el único que sabía era el greñas.
—Espera, en esos días asaltaron la tienda de mi papá ¿me estás diciendo que tú fuiste?
—…
—No dirás nada. No lo creí de ti. —Se quito el anillo y se lo arrojo a la cara—. ¡Gracias por tu confesión! te darán más años por eso. Guardia, la puerta por favor.

Su novia sale de la sala de visitas dejando a Alfredo cabizbajo.


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