domingo, 16 de octubre de 2016

VERANO


Parece que va a llover… Sofía  ha esperado ansiosa la lluvia; se acuesta  en el campo lleno de flores, siente cómo  el aire recorre su cuerpo, cómo acaricia su cara, espera feliz  esa lluvia que hacia  varios  meses no veía, ni sentía  caer. 

La primavera cierra su clico; hoy Sofía sabe que llego el verano, su estación favorita del año,  pues cuando la lluvia cae, y todo ese campo huele a fresco. Le encanta mojarse bajo la lluvia, no importa que su mamá la regañe, ella es feliz bajo la lluvia.

Las nubes oscurecen el cielo, ese cielo que era totalmente azul, ha cambiado, las nubes se juntan para formar ese color grisáceo en el cielo; las primeras gotas comienzan a caer, Sofía abre su boca, espera a que le caigan dentro,  ¿quién no hizo eso alguna vez? El viento y la  tormenta arrecian un poco más.  

Se escucha una voz desde lo lejos.
 —Sofíiiiia, Sofíiiiia —le grita su madre. 
 El grito de la madre es casi inaudible para Sofía.
Ella es feliz bajo la lluvia, ni los llamados de su madre, ni nada podrá hacerla moverse de ese lugar, no hasta que pare de llover.

 — Sofíiiia, Sofíiiia ¿Qué no me escuchas? —Vuelve a gritar su madre. Al ver que no  responde se acerca hasta a ella—. Niña ¿Qué haces? ¿Que no ves que te puedes hacer daño?
—  ¡Mamá! Déjame disfrutar estos momentos ahora que puedo.
—Debes cuidar tu salud, Tú lo sabes.
—Por eso mismo, mamá, no sé cuando se termine mi vida, quiero disfrutar cada momento que tengo.
—No digas eso. Realmente no sé cómo llegaste hasta aquí sola, anda sube a tu silla, deja ayudarte.
—Llegue sola, si me puedo mover por estos lugares, los conozco muy bien.

Su madre ayuda a Sofía a subir a su silla, se alejan del lugar rumbo a su casa, llegan hasta la habitación de Sofía. La acuesta en la cama,  la seca y cambia de ropa.

—No sé cuando se te va  a quitar lo necia en salir tu sola, y siempre en estas épocas cuando va a llover.
—Tú nunca puedes acompañarme.
—Si puedo, pero no cuando este el cielo así, ¿mira no más? Yo no quiero perderte. No me dejes sola, si tú me  faltases, ¿qué haría yo?
—Ya mamá no sigas. No es mi intención hacerte enojar, solo quiero que me comprendas, que si mi vida se termina, porque puede terminarse mañana mismo; yo ya disfrute, mi estancia en esta vida, en este lugar y sobre todo contigo.
—Sofía, me haces llorar con lo que dices, pará por favor. Tu nunca te iras de aquí, nunca te iras de mi lado.
—No puedes detenerme.
—Si puedo, por eso te cuido, aun que a veces te me escapes.
—No me refiero a eso, sabes bien que de todas formas partiré ya sea que yo esté todo el día en cama, o en la casa en esta silla, o en el campo. Mi destino ya está cerca.
— ¡Cállate! No sigas —su madre llora—. Que no comprendes tú que yo sin ti me muero.
—Tendrás que ser fuerte, No es la primera vez que pierdes a alguien, Papá también partió en esa guerra, pronto yo estaré con él.
—Ni a la muerte de tu padre me he acostumbrado. ¿Así pretendes que me resigne verte partir a ti?... A veces me siento culpable por tu enfermedad.
—No, madre mía, no digas eso. Yo acepto esta enfermedad con gusto, aunque me haga sufrir y tú también tengas que sufrir; pero mírame, si yo no sufro más  allá del dolor que me causa,  tú deberías hacer lo mismo.
—No comprendo de donde sacas tantas fuerzas, y más aun de donde sacas esas palabras.
—Yo tampoco lo sé a ciencia cierta; pero no tengo más remedio que… cof, cof ,cof.
— ¡Ya ves! Ya estas tosiendo, ya no hables. —Su madre toca la frente de Sofía—.  Dios, traes fiebre, no me había dado cuenta y el Doctor está tan lejos, no podre ir a buscarlo y menos con está lluvia.  

Como puede le trata de bajar la fiebre, toda la noche se la pasa en vela cuidando de Sofía. A la mañana siguiente, llega tocando a la puerta Elías, ese niño que se ha enamorado de Sofía aun que él es mucho más chico que ella; además es quien le hace pequeños mandados a la madre de Sofía.

—Señora. Señora — grita Elías.

La madre de Sofía se levanta, se puede ver en sus ojos que no ha dormido toda la noche.

— ¡Elías! Qué bueno que está aquí.
La madre abre la puerta.
— ¡Buenos días señora! ¿Esta Sofía?
—Sí, pero necesito que traigas al médico.
— ¿Sofía se puso grave?
—No hagas preguntas ahorita, luego te cuento.

Elías corre en busca del médico, Esté regresa en poco tiempo con el mismo a la casa de Sofía.

—Doctor qué bueno que llego. Mírela ha tenido fiebre toda la noche, que se ha salido a mojar ayer, de seguro se salió con ayuda de este niño.

—Veamos, déjeme revisarla. —Dijo el Doctor.
El médico la revisa. Elías se acerca a Sofía, toma su mano.
—Elías…  Mi pequeño Elías. —Habla pausado Sofía.
—No soy pequeño.
Sofía esboza una sonrisa.
—Se que ya eres casi todo un gran jovencito; pero para mí siempre serás mi pequeño.  
—Sera mejor que no hables tanto. —Dijo el médico—. Esta muy débil.
—  ¿Estará bien mi hija doctor? —pregunto la mamá de Sofía.
—Venga conmigo.
—No Doctor, dígalo aquí. —Intervino Sofía—. Yo ya sé que hoy me iré de este lugar.

El Doctor voltea con la madre de Sofía extrañado por el comentario.

— Ella ya lo sabe, siempre me lo dice. —comento la madre de Sofía.
—No sé qué decir la verdad. —Dice el Médico—. Es primera vez que un paciente terminal ha aceptado su muerte con anterioridad.  No sé si felicitarte  por tu valentia o…
—Doctor, no diga nada, —repuso Sofía—, yo le agradezco su ayuda, yo les agradezco a los tres su compañía en esto momentos.  Quisiera despedirme…
—No hija. —Interrumpe su madre.
—Déjame mamá. ¿Elías?
—Dime. —El pequeño niño, no puede evitar las lágrimas. No suelta la mano de Sofía.
— Se que tú me quieres mucho, se como me miras.  Y aun que eres apenas ocho años menor que yo, me has sabido cuidar como nunca nadie  lo haría; te agradezco, tu amistad y tu amor, ese amor tan sincero y puro, tan puro como tú. Acércate más quiero darte algo.

Elías se acerca al rostro de Sofía, ella lo toma de su cara con ambas manos, y le da un beso en sus labios, Elías sorprendido por el beso, en sus ojos se puede ver la sorpresa que es para él ese beso. Caen lágrimas por sus mejillas.  Sofía suelta el rostro de Elías, él se aleja pues no quiere que Sofía lo vea mas llorar.

Llega el momento de hablar ahora con su mamá, le pide que se acerque.
— ¡Mamá! Déjame ir, hoy ya es mi hora, no quiero verte triste, nunca más, quiero que seas feliz.
— ¡No puedo!, ¡no podre¡
—Has lo por mí. Solo quiero pedirte un último favor.
—Lo que tú quieras lo cumpliré.
—Quiero que me prometas que todos los días durante las lluvias de verano, salgas al campo y te acueste en el,  para que la lluvia te moje.
—Si saldré contigo, todos los días. Pero ya no hables.
—No mamá, ya no estaré aquí contigo; sin embargo quiero que pienses que esa lluvia que cae sobre tu cuerpo, soy yo, abrazándote.


Sofía ya no está más con su madre. Cada  verano, durante las lluvias, se le puede observa   en el campo acotada en el campo tal y como se lo pidió Sofía.  Parece que va a llover…lágrimas, lluvia, recorren el rostro de su madre. 

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