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viernes, octubre 14, 2016

VAGABUNDO


Un anciano quizá de unos setenta años deambula por las calles de la ciudad; parece un vagabundo, lleva un gorro viejo y sucio, ni que decir del resto de su ropa.  El anciano después de recorrer las calles mendigando unos centavos para poder comer se retira a refugiarse de la lluvia que se aproxima; su caminar es lento y pausado, un palo le ayuda a caminar. Su amigo y guardián que  lo ha acompañado casi desde siempre le sigue a todas partes, el canino le  sigue al mismo paso.

Por fin llega a su refugio; un lote baldío, donde la gente tira lo que no le sirve o  no quiere; pero que nuestro anciano hombre no desaprovecha; la lluvia cae a cantaros. Su perro corre a refugiarse en un tinaco  el cual ya estaba roto y que la gente había tirado hace mucho tiempo. Entre la oscuridad del lugar y la lluvia que caía; imposible ver ya para el compañero de nuestro vagabundo, escondido en el mismo tinaco se encontraba un alacrán que con su aguijón pico al canino, el perro chilló  por el piquete, empezó a lamer la parte donde había sido picado, él hombre busco lo  que le había picado al pobre animal; pero en vano fue su búsqueda pues el animal ya había  escapado.  Sin dinero y sin poder ayudarle, nada pudo hacer el hombre por su amigo amaneciendo muerto a la mañana siguiente.  



Triste  por lo sucedido  a su acompañante no tuvo más remedio que enterrarlo en la parte trasera del baldío;  tomo una pala vieja y oxidada, comenzó a cavar un hoyo en la tierra para enterrar a su amigo y cuál fue su sorpresa que al cavar se encontró una bolsa con oro a dentro. El hombre no lo podía creer, estaba más que feliz por dicho hallazgo,  apuró se enterrar a su amigo, camino hasta su pequeña casa de laminas y contó las monedas.  Más de  quinientas monedas eran las que  traía aquella bolsa, tomo una y escondió muy bien el resto. Partió hacia una casa de cambio.

Al llegar, se acerco a la ventanilla y se dispuso a preguntar:
—Disculpe señorita, me podría decir ¿Cuánto me darían por esta moneda de oro?
La señorita  toma la moneda y la observa,  ve en ella que es un centenario, cincuenta pesos oro.
—  30.740 pesos —Dijo  la señorita.
— ¡Eso es mucho dinero! —Exclamo el hombre.
—Si gusta se lo puedo cambiar.
— ¡Por supuesto!
« ¡Soy millonario!» —pensó.

La señorita le entrego la cantidad de dinero y el hombre se marcho del lugar rumbo a su casa.  Cuando llego, saco el resto de monedas y pensó:

« Sera mejor para mí no llamar la atención, no cambiando todas las monedas, mejor cambiare una por una cuando lo necesite así nadie sabrá que tengo dinero, no vaya hacer que vengan y me lo quiten todo »


Ahora un millonario pobre camina por las calles,  acostumbrado ya a ese estilo de vida.  No puede dejar de ser un vagabundo.

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