domingo, 9 de octubre de 2016

SI ESTUVIERAS AQUI

Había pasado ya un año desde el nacimiento del pequeño Julián, hoy es su primer cumpleaños, su abuela le había regalado un pequeño overol azul que traía de regalo un par de pequeños calcetines rojos.  Elizabeth, una joven de veinte años, la madre de Julián lo vistió con dicho overol para irse a la fiesta, solo había un detalle, uno de los calcetines no aparecía por ningún lado, se paso más de una hora buscándolo por toda la habitación.

— ¿Que voy hacer ahora? Mi madre me reprimirá si no lo llevo con el overol completo  —Observo la hora en su celular—.  ¡Aun tengo tiempo!

Siguió buscando por todos los cajones, sacando toda la ropa que había en ellos. Tomo a su bebé pues no lo quería dejar solo en la cama; salió de la habitación con el pequeño en brazos dejando todo por ningún lado, bajo las escaleras, busco en el cuarto de baño, en el cuarto de lavado, por ningún lado aparecía dichoso calcetín.

—Tendré que ponerte otra cosa, aunque tu abuela me regañara por no llevarte con la ropa que te regaló.

Subió nuevamente las escaleras, llego la habitación hizo a un lado la ropa que había sacado anteriormente y coloco allí a Julián. Entre las ropas busco otra cosa para  ponerle  a su bebé, y poder cambiarlo. En la búsqueda de la nueva muda de ropa fue encontrando el calcetín.

— ¿Con que aquí estabas?

Llamados a la puerta y gritos desde la calle se empezaron a escuchar.

—Elizabeth, Elizabeth, abre hija, abre, se te va hacer tarde.

Elizabeth se despierta un poco confundida con un calcetín rojo  de bebé en la mano, lo observa  detenidamente, toca su vientre, brotan unas lágrimas de sus ojos, exclama.

— ¡Si estuvieras aquí!


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