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domingo, octubre 23, 2016

LOCURA

«He despertado; no logro ver nada, la oscuridad del lugar me lo impide, estoy atado de pies y manos. ¿Estaré secuestrado? Será mejor que no grite por ayuda.  La claridad, entre la  penumbra  comienza a aparecer. Por fin logró entre ver donde estoy, aunque no reconozco el lugar, solo sé que es una habitación con las paredes sucias y descoloridas; intento zafarme de los amarres, tiro y  jalo con mis brazos, el forcejeo afloja una de ellas, intento sacar por allí mi mano derecha, me he liberado de una mano.  Escucho voces indistinguibles desde afuera, ahora sé que no estoy solo; pero, no deben escuchar que me he estoy desatando, pueden ser mis captores y si me escuchan podrían matarme.  Sin hacer tanto ruido aflojo el otro amarre con mi mano derecha, me ha costado un poco, hasta he sangrado; pero mis manos están libres al fin.  Parece que llevo días aquí, los amarres me han dejado  marcas, puedo sentirlas al tocar mis muñecas, mis pies han sido más fáciles de soltar, me pongo de pie;  puedo ver  una pequeña luz entrar por entre las paredes, esa debe ser la puerta y por donde entra la luz, la cerradura. Camino hacia la puerta; me asomo a través de ella. Allí están los secuestradores, no lo puedo creer, una mujer entre ellos. ¿Quién quisiera tenerme secuestrado?, ¿mi esposa?, ¿con que motivo? Si yo la amo, ella me ama. ¡No! Ella no es, su voz es diferente aún que no les veo la cara a ninguno de ellos. ¿Quién sabe hasta cuándo me tengan así? Me han descubierto saben que me he zafado, la mujer abre una pequeña ventana en la puerta, la luz entra y  me deja encandilado. Parece decir algo a los otros;  los demás se asoman, otra mujer se asoma por la pequeña ventana.  ¿Tu?, ¿tú me hiciste esto? Corro hacia la ventana, la golpeo, grito, parece que no me escucha o… ¡No!, si eras tú al fin de cuentas,  tu mí amada esposa. ¿En qué te fallé?  Caigo al piso de rodillas, con las manos en la cara, resignado a morir aquí en manos de mi propia mujer sin saber porqué….»

—Doctor, mi esposo se hará daño así  sin los amarres.
—Tranquila señora, él estará bien.  Ahorita lo sedamos nuevamente.
— ¿Por qué me quiso atacar cuando me asome?, ¿no me reconoce ya?
—Sus alucinaciones le hacen ver cosas que no pertenecen a la realidad. Es probable que piense que está secuestrado y que nosotros somos sus captores.
— ¿Y él cree que yo…?
— Es posible.
— ¡Dios mío! Déjeme hablar con él. Quiero que me mire a los ojos, quizá así me reconozca. Debo hacerle comprender donde está realmente.
— Eso que me pide sabe usted muy bien que no es posible.
—Se lo suplico. Necesito hablar con él.
—Es muy peligroso.
—No es peligroso. Es mi marido.
—Está bien, solo esperemos a que los enfermeros vengan y lo amarren de nuevo para que sea seguro para usted. 

«Alguien va entrar, abren la puerta, Son dos hombres, intentan sujetarme e inyectarme veneno para matarme; me resisto, lucho contra ellos. Estoy débil y cansado, me han sometido. Por fortuna sigo vivo;  pero nuevamente amarrado.»

— Listo señora, ya podemos entrar, está despierto pero un poco sedado.

«Otros más, ¿Quiénes serán? ¿Qué quieren de mí? »

—Amor, Cariño, soy yo, Ana, tu esposa. ¿Me reconoces?
— Maldita secuestradora, libérame de aquí.
—No mi vida, no estás secuestrado,  yo no te secuestré, estas en un hospital psiquiátrico.
— ¡Cállate! maldita loca, crees que no sé donde estoy, ¡Mírame! ¡Como me tienes!, ¿Ese quién es? ¿Tu amante?  ¿Al quien le pagaste para matarme?
—Recapacita, él es el doctor, estas entre médicos, enfermeras y enfermeros. Tu mente sigue atrapada en otro lugar.  Vuelve aquí conmigo, ayúdame a salvar tu mente, ayúdame a salvarte.
— Mejor mátame de  una vez por todas, nadie se enterara de lo que hiciste conmigo, todo estará en tu conciencia, si es que tienes. Mátame de una vez por todas. ¿Qué esperas? ¡Mátame!  ¡Mátame! ¡Mátame! ¡MÁTAMEEE!  ¡MÁTAMEEEEEEEE!
— Señora, por favor no lo altere más. Sera mejor irnos, solo le hace más daño su presencia.
—Si doctor, como usted diga. Lo siento mi vida por no poderte ayudarte como yo quisiera.

«Por fin todos se han ido. Creen que estoy loco, eso les hago creer,  mi esposa e hijos solo quieren mi fortuna; pero no les diré jamás donde esta, ellos no se lo merecen, sobre todo ella, con sus falsas lagrimas, su falsa idea de querer ayudarme, aquí yo estoy bien; médicos, enfermeras y enfermeros están de mi lado.» 

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