sábado, 15 de octubre de 2016

LA ESTAFA

Verdes, amarillas y rojas, por supuesto. Incluso marrones. Pero, ¿azules? Era la primera vez que veía manzanas azules… decidido a comprar unas solo por la curiosidad de probarlas se acerco hasta ese puesto y  pregunto:

—     ¿Cuál es el precio de esas manzanas azules?

—     Treinta rupias.  —dijo la vendedora que tenía aspecto de anciana.

—     ¿Porque tan caras?  —pregunto el joven.

—     Son unas manzanas muy especiales, son capaces de hacerlo muy guapo.
                                          
Al joven forastero le agrado la idea de ser guapo.

— ¡Mm! Deme todas las manzanas.

—Con una vasta no es bueno abusar de ellas.  —dijo la señora.
El joven pago sus treinta rupias y tomo la manzana justo le iba a dar una mordida cuando la vendedora le detuvo.

—Espere.  —dijo ella—. No se la coma aquí espere llegar a su casa.
—     ¿Porque?  —pregunto el joven.

—     Es mejor que usted este allá, en la comodidad de su casa, pero no se vea en un espejo; pues recuerde que usted es hombre y el efecto lo ven las mujeres;  así funcionan estas manzanas.

Apuro se a llegar a casa y comerse su manzana; llego y se la comió, espero a ver los resultados pero no veía cambios;  no se veía más guapo, sintió que lo habían estafado.  Volvió de inmediato hasta el lugar donde estaba aquel puesto;  pero al llegar dicho puesto ya no estaba. Vio a dos mujeres muy bellas cerca y decidió preguntarles.

—Disculpen bellas damas ¿Ustedes no han visto a donde se fue la señora de las manzanas?  —Las mujeres en lugar de contestarle no dejaban de mirarlo—. ¿No me han escuchado?

—Qué guapo y atractivo eres. — Dijeron las mujeres—. Nunca habíamos visto un hombre como tú ¿No eres de por aquí o sí?

— ¡Esté! ¿Yo?... No, no soy de aquí.

— ¿Porque no nos invitas algo de tomar?

El joven ingenuamente creyó  que ya estaba haciendo efecto la manzana.

— Claro que si ustedes pídanme lo que quieran.

Los tres caminaron hacia la taberna, entraron y pidieron una botella de whisky, comenzaron a beber, pero las mujeres no se tomaban el licor, viendo que el  joven ya esta borracho después de varias copas encima,  empezaron a decirle:

— ¡Que horrible estas!   Mírate, te vez horrendo.

Las mujeres se  marcharon del lugar dejando al joven solo. El joven, sabía que el efecto de la manzana había terminado.

—Esperen, no se vayan. —Dijo el joven—. Necesito encontrar a esa mujer de las manzanas azules; pero ¿dónde estará?

Justo en ese momento va entrando la anciana mujer con las manzanas.
—Manzana, manzanas verde, rojas, azules, manzanas mágicas. —pregonaba la anciana mujer.

—Que suerte tengo justo lo que andaba buscando. — Dijo el joven—.   Señora deme otra manzana, que ya vi que si funcionan, estuve aquí con dos mujeres muy hermosas; pero duran muy poco y quiero comprarle más.

—yo nunca miento, estas manzanas son mágicas.  —Respondió la anciana mujer—. ¿Cuántas quiere joven?

—No sé, quiero que me dure el efecto para siempre.

—«Pobre ingenuo» —pensó la anciana—.  Le vendo toda la canasta.

—Sí, eso démelas todas.

—Son quinientas rupias, la canasta se la regalo; pero ya sabe, se tiene que ir a su casa y allá comerse una, solo una por vez.

Nuevamente el joven cae en la trampa y se va con toda la canasta de manzanas, llega a su casa y destapa la canasta. Ve que todas son azules.

—Perfecto. Justo como lo quería.

Haciendo caso esta vez de lo que le dijo la anciana empieza a comerse las manzanas hasta hartarse. Se comió una, dos, tres, cinco, diez; quince manzanas, quedo más que empachado.

—Ahora sí, vamos a fuera.

El joven sale de su casa, y se va a caminar por allí, ve a un grupo de mujeres, y pasa junto a ellas, ninguna lo voltea a ver. Continua su camino, pasa  junto a más mujeres pero ninguna hace un gesto o algo que apruebe que en verdad se vea guapo.

—Qué  extraño no funcionan las manzanas, ¿será porque me comí casi todas de una vez?  Si, debió ser eso.

Resignado por que las manazas no le funcionaron como él esperaba, se regreso a su casa. Paso todo el día ahí hasta la mañana siguiente.

—Ahora sí, solo me comeré una.

Salió a la calle a probar los resultados buscando mujeres, camino hasta la plaza. Donde había comprado las manzanas; había varios puestos de comida y otras cosas, entre ellos logro ver al puesto donde había comprado la manzana por primera vez, se acerco más y vio a tres mujeres, sentadas dando la espalda.

— ¿Qué extraño que haya tres mujeres allí?

Se acerco un poco más pues notaba que murmuraban algo.

—Que ingenuos son por aquí, miren todo lo que hemos juntado. —dijo una de las mujeres.

—Sobre todo ese joven —dijo la otra mujer—.  El muy ingenuo creyó que realmente era guapo por comerse estas manzanas.

—Ese ingenuo muchacho, fue quien nos dio más ganancias. —dijo la anciana mujer.

El joven al haber escuchado todo, dijo:

—Las he escuchado, llamare a los guardias y se las llevaran presas.

El joven llamo a los guardas, estos llegaron de inmediato.

— ¿Que pasa buen hombre?

—Estas tres mujeres me han estafado.

— ¿Como lo han estafado?

—Me han vendido manzanas azules diciéndome que me harían muy guapo.
Los guardas echaron a reír.

—  JAJAJA. No joven, por eso no podemos arrestarlas.

—Pero me quitaron mi dinero.

—Lo sentimos mucho.

—Esas dos mujeres me emborracharon y robaron mi dinero en la taberna. Eso si es un robo.

— ¿Es verdad eso señoritas?

Sorprendidas las mujeres, no tuvieron más remedio que aceptarlo.
—Sí. —respondieron las mujeres.

—Además las escuche decir que no fui el único que engañaron y robaron.

Habiendo escuchado la confesión del las mujeres, fueron llevadas presas, se les hizo un juicio teniendo que pagar a todos las personas que habían sido estafadas.  Al  joven le pagaron su dinero y se fue del pueblo.

Un par de días antes...

Un anciano llega al pueblo se topa con el puesto de  tres mujeres, una de ellas anciana y las otras dos jóvenes y hermosas, las cuales vendían manzanas verdes, rojas, amarillas. El anciano saca unas manzanas azules  que lleva con sigo, y les dice:

—Traigo estas manzanas azules, les propongo un trato, si ustedes me las compran a diez rupias, las pueden vender en treinta y decir que son mágicas, así ganaran  veinte rupias más por cada una, ustedes digan que son mágicas, díganle  a quienes las compren que los hará ver guapos o guapas. 

 Las mujeres urgentes de dinero aceptaron la oferta de aquel hombre, las mujeres habiendo caído en la trampa, el hombre se aleja del lugar  convirtiéndose en el joven forastero sin ser visto por las mujeres

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